|
4
La liturgia de la eucaristía
Nombres
Los nombres hoy más usuales para designar la actualización
litúrgica del misterio pascual son: misa, eucaristía,
cena del Señor, sacrificio de la Nueva Alianza, memorial
de la Pascua, mesa del Señor, sagrados misterios... Otros
nombres, muy antiguos y venerables, como synaxis, anáfora,
sacrum, y especialmente fracción del pan (Hch 2,42), hoy
han caído en desuso.
Lugar de la celebración
-El templo. La eucaristía se celebra normalmente en el templo,
lugar de sacralidad muy intensa y patente. Y recordemos aquí
que porque todo el mundo y todos sus lugares son de Dios, por eso
precisamente los cristianos le consagramos públicamente a
Él algunos lugares, los templos, que están edificados
como Casa de Dios, es decir, como lugares privilegiados para orar,
glorificar a Dios y santificar a los hombres. El Ritual de la dedicación
de iglesias y de altares, renovado después del Vaticano II
(1977), expresa estas realidades de la fe con preciosas lecturas
y oraciones.
"Con razón, pues, desde muy antiguo, se llamó
iglesia al edificio en el cual la comunidad cristiana se reúne
para escuchar la palabra de Dios, para orar unida, para recibir
los sacramentos y celebrar la eucaristía. Por el hecho de
ser un edificio visible, esta casa es un signo peculiar de la Iglesia
peregrina en la tierra e imagen de la Iglesia celestial" (OGMR
257).
Ahora bien, dentro del templo, y en orden a la eucaristía,
hay tres lugares fundamentales cuya significación hemos de
conocer bien: el altar, la sede y el ambón.
-El altar. El altar es el lugar de Cristo-Víctima sacrificada.
Su forma ha ido variando al paso de los siglos, conservando siempre
como referencias fundamentales la mesa del Señor, en la que
cena con sus discípulos, y el ara, significada a veces antiguamente
por el sepulcro de un mártir, en la que se consuma el sacrificio
del Calvario. En todo caso, la distribución espacial no sólo
del presbiterio, sino de todo el templo, debe quedar centrada en
el altar.
-El ambón. Es el lugar propio de Cristo-Palabra divina. Los
fieles congregados reciben cuanto desde allí se proclama
"no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como
palabra divina" (1Tes 2,13). Ha de dársele, pues, una
importancia semejante a la del altar.
En efecto, "la dignidad de la palabra de Dios exige que en
la iglesia haya un sitio reservado para su anuncio... Conviene que
en general este sitio sea un ambón estable, no un fascistol
portátil... Desde el ambón se proclaman las lecturas,
el salmo responsorial y el pregón pascual; pueden también
hacerse desde él la homilía y la oración universal
de los fieles. Es menos conveniente que ocupen el ambón el
comentarista, el cantor o el director del coro" (OGMR 272).
-La sede. Es el lugar de Cristo, Señor y Maestro, que está
sentado a la derecha del Padre, y que preside la asamblea eucarística,
haciéndose visible, en la fe, por el sacerdote. Cristo, en
efecto, "está presente en la persona del ministro"
(SC 7a). Por eso, lugar propio del sacerdote, presidente de la asamblea
eclesial, es la sede, o si se quiere, la cátedra -de ahí
viene el nombre de las catedrales-, desde la cual, en el nombre
de Cristo, el obispo o el presbítero preside y predica, ora
y bendice al pueblo.
((No parece, pues, que una silla normal o una banqueta sean los
signos más adecuados de algo tan noble. Sería, por
otra parte, en general, un error pretender que la liturgia de la
Iglesia exprese la pobreza que Cristo vivió en Nazaret o
en su ministerio público. Entonces sí, la sede sería
una banqueta, el ambón un atril cualquiera, el altar y los
manteles una mesa común de familia, etc. Pero aunque es verdad
que la hermosura propia de la pobreza evangélica debe marcar,
sin duda, los signos de la liturgia, éstos deben remitir
eficazmente a las realidades celestiales. Y en este sentido, como
el Vaticano II enseña, fiel a la tradición unánime
de Oriente y Occidente, "la santa madre Iglesia siempre fue
amiga de las bellas artes, y buscó constantemente su noble
servicio y apoyó a los artistas, principalmente para que
las cosas destinadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas
y bellas, signos y símbolos de la realidades celestiales"
(SC 122b).))
Estructura fundamental de la misa
La estructura fundamental de la eucaristía, desde el principio
de la Iglesia, ha sido siempre la misma. Lo podremos comprobar,
al final, en un breve apéndice histórico. Como en
la última Cena, siempre la eucaristía ha celebrado
primero una liturgia de la Palabra, seguida de una liturgia sacrificial,
en la que el cuerpo de Cristo se entrega y su sangre se derrama;
y este banquete, sacrificial y memorial, se ha terminado en la comunión.
Pues bien, aquí nosotros analizaremos la celebración
eucarística en su forma actual, que ya halla antecedentes
muy directos en la segunda mitad del siglo IV, cuando la Iglesia
-tras la conversión de Constantino, obtenida ya la libertad
cívica-, va dando a su liturgia, como a tantas otras cosas,
formas comunitarias y públicas más perfectas.
Examinemos, pues, la misa en sus partes fundamentales:
-I. Ritos iniciales
-II. Liturgia de la Palabra
-III. Liturgia del Sacrificio: A. Preparación de los dones;
B. plegaria eucarística; C. comunión.
-IV. Rito de conclusión.
|