MIÉRCOLES 06 DE AGOSTO

LECTURAS: 2PE 1, 16-19; SAL 96; MT 17, 1-9

2Pe. 1, 16-19. El anuncio del Evangelio, que es Cristo, debe hacerse desde la propia experiencia personal. Ya san Juan en su primera carta nos dice: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de vida, se lo comunicamos a ustedes, para que también ustedes estén en comunión con nosotros.
Ciertamente el testimonio de los apóstoles y profetas es de gran ayuda para nosotros, pues es como una lámpara que ilumina nuestras tinieblas. Pero ese testimonio es solamente eso: una lámpara por ser la experiencia de los demás, es lo que ellos vivieron y que nos lo dan a conocer para que nosotros conozcamos al Señor. Sin embargo es necesario no quedarse sólo en una fe basada en lo que se nos ha transmitido; es necesario que cada uno de nosotros experimente al Señor en su propia vida.
Cuando Él se acerque a nosotros y experimentemos su amor, su misericordia y su Gloria, entonces ya no caminaremos a la luz de las lámparas, sino a la luz del Sol que nace de lo alto, Cristo Jesús. Entonces su Palabra no sólo será escuchada y meditada, sino que tomará carne en nuestra propia vida, realizándose así la salvación que el Señor quiere para nosotros. Vivamos, pues, en comunión de vida con el Señor.

Sal. 97 (96). Reina el Señor. Cristo Jesús ha sido constituido por Dios en Señor y Mesías. Por su filial obediencia Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. El camino de la gloria no está exento de la cruz. Era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho para entrar así en su Gloria. Nosotros, en medio de nuestras labores cotidianas, levantamos constantemente la vista hacia los bienes que Dios ha prometido a los que lo aman. Nuestra esperanza nos pone siempre en camino, amando y sirviendo como el Señor nos ha enseñado no sólo con sus palabras, sino con su ejemplo mismo.
Por eso, a pesar de tener que cargar nuestra cruz de cada día y de estar sometidos a diversas pruebas y tribulaciones, sabemos que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Si queremos reinar junto con Cristo; si, unidos a Él, queremos ser los hijos amados del Padre, hemos de vivir en una filial y amorosa obediencia a la Voluntad de Dios sobre nosotros mismos, en que nos pide amarnos como hermanos, y pasar haciendo el bien a todos. Esas actitudes y obras serán las que nos pongan en el Camino, que es Cristo, que nos conduce al Padre.

Mt. 17, 1-9. La transfiguración de Cristo es algo que compromete a los discípulos que le acompañan, pues no son meros espectadores; también a ellos los cubrió la nube. Se da una orden: escuchar a Jesús; por tanto, quien no lo haga será excluido de la salvación. Jesús, en el envío misionero indicará: Quien crea y se bautice, se salvará; quien se resista a creer será condenado. Entrar en comunión de vida con Cristo mediante la fe y el bautismo nos lleva a ser sus testigos en medio de nuestros hermanos. Nosotros no proclamamos ideas, palabras y discursos humanos.
Nosotros anunciamos lo que nuestros ojos vieron, lo que nuestros oídos escucharon y lo que nuestras manos tocaron acerca del Hijo de Dios. Nosotros proclamamos la persona de Cristo, su Evangelio, su amor, su verdad. Y esa proclamación la hacemos desde una vida renovada en Cristo, pues, efectivamente, nosotros hemos sido revestidos de Él, y, por medio nuestro, es Dios quien se dirige a todos para llamarlos a una vida nueva y darles una nueva esperanza para lograr nuestra plena madurez en Cristo, el Hombre perfecto.

Si nuestra fe en Cristo es sincera no podemos acudir a esta Eucaristía sólo por simple curiosidad; ni siquiera por un acto de piedad personal. Aquí venimos a escuchar la voz del Hijo amado del Padre Dios para hacerla vida en nosotros. El Señor nos ha hecho partícipes de su propia vida, de tal forma que, junto con Cristo, somos su Hijo amado en quien Él se complace.
Nuestra vocación mira a convertirnos en la voz del Padre Dios, que todos han de escuchar a través de la historia por medio de la Iglesia. Esto sólo será posible en la medida en que conservemos en nosotros la Comunión de vida con el Señor y entre nosotros, pues, de la abundancia del corazón hablará la boca.

Cuántas ansias de felicidad encontramos en el mundo. Los que nada tienen piensan ser felices poseyendo por lo menos lo necesario para sobrevivir. Los que todo lo tienen derrochan mucho tratando de encontrar la felicidad en medio de excesos. De nada nos sirven todos los bienes materiales si no somos capaces de entrar en una relación de amistad profunda con alguien. Nuestra naturaleza, amasada en el amor, no puede lograr su plena realización al margen de otras personas.
Y nuestra plena felicidad y realización no puede lograrse al margen de Aquel que nos creó, y nos llamó para que estemos en comunión de vida eternamente con Él. Todo esto tiene que pasar por la cruz, donde uno muere a sí mismo, y se transforma en alguien que nace para los demás para darles paz, felicidad y amor. Sólo entonces seremos dignos de que nuestro lenguaje, venido del Dios Amor, que nos ha invadido por todos lados, sea escuchado a través de lo que hagamos y enseñemos.
El compromiso de la Iglesia de Cristo es proclamar el Evangelio; y el Evangelio es Cristo, Rostro humano del amor del Padre para nosotros. Vivamos en plena comunión con el Señor para que, en verdad, iluminemos a todos los hombres con la luz de Cristo, que resplandece sobre el rostro de la Iglesia, anunciando el Evangelio a todas las criaturas.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Santísima María Virgen, nuestra Madre, la gracia de que, transformados en Cristo, iluminemos el camino de nuestros hermanos con actitudes de amor, que se conviertan en servicio fraterno, de tal forma que también ellos puedan encontrarse con Cristo para ser revestido de Él, y manifestar, con sus obras, la Gloria del Padre desde ellos. Amén.

www.homiliacatolica.com
Desde enero de 2003
Está autorizada a toda persona y organización humana, la reproducción total o parcial de los contenidos presentados en esta página web, siempre que se respete el mensaje original y se haga sin fines de lucro, en caso contrario, será necesario solicitar autorización por escrito a fin de que sea considerada por el
Pbro. Rodrigo Guadarrama.

Diseño web producido por:
LINKFABRIK.COM