VIERNES 08 DE AGOSTO

LECTURAS: NAH 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7; DEUT 32; MT 16, 24-28

Nah. 2, 1. 3; 3, 1-3. 6-7. Dios no nos creó para la muerte, ni se recrea en la muerte de los suyos.
Nosotros muchas veces abandonamos al Señor; sin embargo Él siempre ha permanecido fiel, pues su amor por nosotros nunca se acaba.
Ciertamente en algunas ocasiones hemos sido sometidos a prueba; o nosotros mismos atrajimos sobre nuestra cabeza el mal, a causa de nuestros pecados que nos alejaron del Señor y de su protección. Sin embargo El mismo Dios, en Cristo Jesús, ha salido a nuestro encuentro para acabar con nuestros enemigos, para ofrecernos la oportunidad de convertirnos a Él, de pedirle perdón y de recibir su Vida y su Espíritu, para que en adelante ya no vivamos para nosotros mismos, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó.
Por eso a nosotros corresponde en adelante caminar en la presencia del Señor con un corazón íntegro, con la mirada puesta en Jesús y con la mente y el corazón abiertos a su Palabra para escucharla, meditarla, hacerla nuestra dejándola tomar carne en nosotros, y dar testimonio de la misma con nuestras obras.
Dejémonos liberar por el Señor; dejemos que su Vida y su Espíritu habiten en nosotros, y procuremos manifestar con nuestro comportamiento que no hemos creído en vano, sino que la salvación de Dios realmente ha sido eficaz en nosotros.

Deut. 32, 35-36. 39. 41. Ha llegado para nosotros el Día del Señor, en que Él se ha levantado victorioso sobre el autor del pecado y de la muerte.
Por eso quienes creemos en Él no podemos continuar bajo el signo del pecado y de la muerte, sino bajo el signo del perdón, de la gracia y de la Vida.
No podemos creer en Cristo por una mera tradición recibida de nuestros mayores, sino que nuestra fe ha de ser todo un compromiso, en el cual nos involucremos, no tanto para hablar del Señor, sino para convertirnos nosotros mismos en un testimonio vivo de su Evangelio.
Y aun cuando la fe se profesa de un modo personal, esta se vive en comunidad, en comunión con los hermanos, no sólo alabando al Señor, sino amándonos unos y otros como el Señor nos ha amado; y trabajando en Iglesia para que el Evangelio de salvación llegue hasta el último rincón de la tierra.
Por eso seamos conscientes de que como Iglesia tenemos el compromiso de prolongar a través de la historia el amor y la salvación que se nos ha dado en Cristo, y que por medio nuestro debe, por voluntad del mismo Señor, ser eficaz en el mundo que peregrina hacia la Casa del Padre.

Mt. 16, 24-28. Mt. 16, 24-28. Sólo el amor verdadero hacia alguien o algo nos lleva a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de no perderlo.
Ya el Señor nos había dicho que, cuando encuentra uno un tesoro escondido en un campo, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. También el Señor nos dice: Donde está tu tesoro, ahí está tu corazón.
El Hijo de Dios nos ha amado, de tal forma que no retuvo para sí mismo el ser igual a Dios, sino que se anonadó a sí mismo y, hecho uno de nosotros, nos enriqueció con su pobreza, pues Dios nos quiere con Él eternamente. Puesto que Él nos ha precedido con su cruz, y ahora reina eternamente, Él nos pide que, si en verdad lo amamos, y queremos estar con Él eternamente, tomemos nuestra cruz y vayamos tras sus huellas.
No serán nuestras palabras y deseos, sino nuestras obras las que cuenten ante el Señor al final de nuestra vida. Entonces se manifestará si realmente lo tuvimos como centro y único Dios en nosotros; si así fue, si por Él morimos, habremos ganado la vida eterna.

El Señor se acerca a nosotros en la sencillez de su Palabra y de los signos sacramentales. A Él no le interesa impresionarnos o espantarnos para que le sigamos por temor; a Él le interesa llamarnos para que creyendo en Él, vayamos tras sus huellas y, con las obras, manifestemos que en verdad su Palabra actúa en nosotros.
No podemos llegar ante el Señor sólo para pedirle que nos conceda bienes materiales. Nuestra presencia ante Él es para que nuestra fe se haga más sólida y podamos, así, encaminarnos hacia la plena comunión con el Señor en la vida eterna.
Por eso la Eucaristía nos lleva a estar dispuestos a perderlo todo, con tal de ganar a Cristo. Y lo perdemos todo no sólo cuando nos decidimos a dejar atrás nuestras maldades y vicios, sino cuando dejamos que el Señor haga su obra de salvación en nosotros, siempre dispuestos en todo a hacer su voluntad.
Y lo perdemos todo cuando quedando atrás nuestro egoísmo, abrimos la mirada llena de amor y de compasión para vivir haciendo el bien en todo a nuestro prójimo, convirtiéndonos así para él en una Eucaristía, en un Pan de Vida, y dejando de ser para él pan de muerte, ocasión de dolor, de escándalo o de sufrimiento.

Los que hemos conocido el amor que Dios nos manifestó en su Hijo Jesús no podemos crearnos un esquema falso de la forma en que Dios nos ha amado. Puesto que nuestro punto de referencia para actuar es el Señor, contemplémoslo como Aquel que nos ha manifestado, en la sencillez, el Rostro misericordioso del Padre.
A nosotros corresponde ser, para nuestros hermanos, un signo de ese amor de Dios. Por eso no podemos presentarnos ante ellos como quienes vienen a destruirlos, a oprimirlos o a condenarlos.
No podemos llegar causando temblores ni destrucción, sino como quien no sólo ha cargado la propia cruz, sino que ha hecho suyos el dolor, el sufrimiento, la pobreza y la enfermedad de los demás para remediarlos.
En la medida en que hagamos esto, estaremos colaborando para que, por nuestro medio, Dios haga que su Reino llegue y sea experimentado por todas las personas.

Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión de la Virgen María, nuestra Madre, la gracia de tomar nuestra cruz y seguir a Cristo, su Hijo, dando a los demás un ejemplo que imitar y, al mismo tiempo la oportunidad de que todos glorifiquen su Nombre con sus palabras y obras, por haberles manifestado su Rostro lleno de paz por medio nuestro. Amén.

www.homiliacatolica.com
Desde enero de 2003
Está autorizada a toda persona y organización humana, la reproducción total o parcial de los contenidos presentados en esta página web, siempre que se respete el mensaje original y se haga sin fines de lucro, en caso contrario, será necesario solicitar autorización por escrito a fin de que sea considerada por el
Pbro. Rodrigo Guadarrama.

Diseño web producido por:
LINKFABRIK.COM