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JUEVES 24 DE JULIO
LECTURAS: JER 2, 1-3. 7-8. 12-13; SAL 35; JN 20, 1-2. 11-18
Jer. 2, 1-3. 7-8. 12-13. Dios, siempre fiel a su Alianza, ahora
ha sido abandonado por su Pueblo. Este se ha ido tras los ídolos,
dejando a Aquel que es manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas
agrietadas, que no retienen el agua. Dios siempre ha sido compasivo
y misericordioso con nosotros. Pero muchas veces las cosas pasajeras
han deslumbrado de tal forma nuestra mente que nos han arrastrado
tras de sí. Algo nos acordamos de Dios; pero más lo
recordamos como un ser todopoderoso, a quien acudimos para que nos
proteja y nos ayude en nuestras necesidades, que como Aquel de quien
recibimos la vida y que nos impulsa a trabajar como signos de vida
y no de maldad ni de injusticia.
Quien ha perdido su compromiso con Dios aún cuando le dé
culto, será como una cisterna agrietada, pues no será
capaz de recibir y retener para sí el amor que procede de
Dios, ni el don de su Espíritu Santo, ya que su mirada no
está puesta en Dios sino en aquello otro a lo que le ha cedido
el lugar que sólo le corresponde a Dios, convirtiendo eso
en su dios, en su ídolo personal. Examinemos con lealtad
la fe que decimos tener en Dios. Veamos si en realidad somos del
Señor y Él es nuestro Dios.
Sal. 35. Reconozcamos al Señor como la fuente de la vida.
Sin Él nada podemos hacer. Sólo Él fecunda
nuestra vida para que produzcamos frutos en abundancia, frutos de
vida, frutos de salvación, frutos buenos y no venenosos.
Dios conoce que muchas veces lo hemos abandonado, y que nuestra
vida en lugar de ser un alimento de vida, se ha convertido en un
alimento que ha amargado las entrañas de los demás.
Con humildad reconozcamos que somos pecadores. Mientras aún
es tiempo acerquémonos a nuestro Dios, rico en misericordia,
para que seamos perdonados y alimentados de lo más sabroso
de su casa, el Pan de Vida, que es Cristo. Abandonando nuestros
caminos de maldad vayamos tras las huellas de Aquel que nos ha hecho
hijos de Dios y nos quiere santos como Él es Santo.
Mt. 13, 10-17. Jesús no es un pedante que se dirija con
palabras técnicas al pueblo sencillo que le escucha. Él
amolda el anuncio del Evangelio a la cultura de quienes le siguen.
Con ejemplos tomados del mismo trabajo de sus oyentes trata de hacerles
entender el Reino de Dios, el amor misericordioso del Padre y el
amor que nos tiene hasta el extremo.
Nadie puede decir que no entendió y que por eso no pudo darle
una respuesta adecuada al Señor. Siendo tan inculturado el
anuncio de la Buena Noticia, quien lo desprecie, quien tape sus
oídos para no oír, y cierre sus ojos para no ver,
será responsable de su falta de fe y de su propia condenación.
Jesús es el Evangelio viviente del Padre ¿lo hemos
aceptado en nuestra vida? si es así, seremos dichosos, pues
nuestra vida y nuestros sentidos estarán abiertos para hacer
nuestra su vida, nuestro su camino y nuestra su misión.
En esta Eucaristía el Señor quiere que renovemos
nuestra Alianza de pertenencia a Él como hijos en el Hijo,
puesto que Él continúa siendo fiel al Pacto en el
que se ha comprometido a ser nuestro Padre.
Él es el Dios-con-nosotros. Más aún, por voluntad
suya: nosotros estamos en Él y Él en nosotros.
Con lenguaje, que nosotros entendemos, el Señor nos ha manifestado
todo su amor, liberándonos de la esclavitud de nuestros pecados
y haciéndonos hijos de Dios.
Celebremos este Memorial de su Pascua no con la vieja levadura de
maldad y perversidad, sino con los panes pascuales de la sinceridad
y la verdad.
Que al concluir nuestra celebración vayamos renovados en
Cristo para ser un lenguaje sencillo, por nuestras actitudes y obras,
a través del cual nuestro prójimo entienda que Dios
le sigue hablando, no entre truenos y tormentas, sino desde la serenidad
del amor que se hace servicio, entrega y solidaridad desde nosotros.
Que no seamos juzgados por haber ocultado, o retenido la Palabra
de Dios. El Señor nos dice: Hijo de hombre, yo te he constituido
centinela de mi Pueblo. Cuando oigas una palabra de mi boca, los
amonestarás de parte mía. Porque si yo digo al malvado
que una amenaza de muerte pesa sobre él, y tú no lo
amonestas ni le adviertes que debe abandonar su perversa conducta
si quiere conservar la vida, él morirá por su maldad,
pero yo te pediré cuentas a ti de su vida. Ahora bien, si
amonestas al malvado, y él no se convierte de su maldad ni
de su conducta perversa, morirá por su culpa, pero tú
te habrás salvado.
Esto nos hace entender que no podemos dejar de proclamar el Nombre
del Señor y que, tanto con las palabras como con las obras,
debemos invitar a todos a que, abandonando sus caminos de maldad,
se encuentren con el Señor, y vivan un auténtico compromiso
de amor a él y de amor al prójimo.
Roguémosle a nuestro Dios y Padre que nos conceda, por intercesión
de la Santísima Virgen María, nuestra Madre, la gracia
de que en verdad seamos portadores de Cristo para toda la humanidad,
de tal forma que al conocerlo lo amen, y amándolo lo lleven
a más y más personas, no como un concepto complicado,
sino como una Persona que nos ama y quiere salvarnos a todos, utilizando
los mismos signos de amor que nosotros experimentamos. Amén.
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