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I
PARTE
El
matrimonio natural
1
Algunas
nociones básicas
Voy
a exponeros aquí verdades que vosotros, en su mayor parte,
ya sabéis, porque son de experiencia común. Quizá
no las sabríais expresar con exactitud, y quizá no
las recordáis con frecuencia. Pero se trata de verdades que,
para entender y realizar bien el matrimonio, debéis tener
muy en cuenta.
Objetos
y personas
Los
minerales, plantas y animales son criaturas corruptibles, completamente
contingentes, que poseen un modo de ser muy limitado, y que desaparecen
sin dejar rastro de sí. Pero la persona humana es un ser
incorruptible,que tiene una subsistencia necesaria, una calidad
única y espiritual, que la alza sobre todos los otros seres
creados. ¿Y qué quiero decir aquí al emplear
la palabra incorruptible, en un sentido filosófico? Quiero
decir, nada más y nada menos, que la persona humana, una
vez que comienza a existir, ya nunca saldrá de la existencia:
es para siempre, sin fin.
El
hombre, sencillamente, es una persona. Es mucho más que una
piedra o un animal: es persona libre, dueña de sí,
inviolable. Puede darse, pero no puede ser robada lícitamente.
Nadie puede imponerle un acto voluntario, pues éste dejaría
de serlo. Sólo libremente puede atravesarse la frontera de
su libertad personal.
Según
lo anterior, cosas y animales son objetos, que pueden ser utilizados
como instrumentos. Pero la persona humana es un sujeto, con un mundo
subjetivo y libre, y nunca puede ser lícitamente empleada
como un medio, como un objeto. No es algo meramente, es alguien,
y si tratamos a una persona simplemente como un objeto, la ofendemos.
Una
prostituta, por ejemplo, es tomada por el hombre como una mujer-objeto,
y es, pues, considerada como una cualquiera, sin corazón
ni nombre propios. Es decir, no es tratada como un ser personal,
como un ser humano. Ella misma, por dinero, se presta a ese horror.
Pero para tratar al ser humano como se merece es preciso tratarlo
como persona, y por tanto con amor.
Sensaciones
y emociones
Las
sensaciones son reacciones de los sentidos producidas por el contacto
con determinados objetos. Permanecen activas mientras dura el contacto;
y cuando éste cesa, perdura la imagen del objeto, aunque
tienden a apagarse. "Ojos que no ven, corazón que no
siente".
Las
emociones son reacciones sensoriales más profundas, pues
mientras la sensación vibra sólo ante las cualidades
sensibles del objeto, la emoción es más personal,
ya que capta todos los valores a él inherentes; valores,
por lo demás, no necesariamente materiales, sino también
espirituales, aunque materializados de alguna manera en el objeto
-la gracia de movimientos, por ejemplo-. Las emociones son importantes
para el nacimiento del amor, y son sin duda más duraderas
que las sensaciones.
La
sensualidad
La
sensualidad capta los valores sexuales de otra persona, y por sí
misma no se dirige a la persona, sino al cuerpo como posible objeto
de placer. Es natural, y por tanto es buena. Se hace mala, sin embargo,
cuando la persona, en actos internos o externos, se deja llevar
por ella, prescindiendo de la razón y de la voluntad. Ella,
la sensualidad, abandonada a sí misma, es absolutamente inestable:
se vuelve hacia cualquier objeto posible de goce, y por eso puede
destrozar la dignidad personal y hacer mucho daño a otras
personas.
En
este sentido el término anglosajón sex-appeal no designa
al amor sino como atractivo sexual. Y así expresa una visión
deshumanizada del sexo, desvinculada de la persona y del amor, que
sólo es suficiente para la sexualidad de los animales: éstos,
en efecto, acuden automáticamente a la llamada del sexo (sex-appeal).
La
afectividad
La
afectividad no es por sí misma una tendencia adquisitiva
de placer, como la sensualidad, sino que se orienta más bien
hacia la admiración, la aproximación, la ternura y
el deseo de intimidad. Ocupa suavemente la memoria y la imaginación,
al mismo tiempo que atrae la inclinación de la voluntad.
Es poco objetiva, y suele idealizar la persona de su admiración,
imaginando en ella valores quizá inexistentes, lo que fácilmente
conduce a la decepción.
Tiende
la afectivad a manifestarse en miradas, sonrisas y gestos, y puede
mantenerse en un plano puramente espiritual, aunque fácilmente
se inclina hacia la sensualidad. Suele decirse en esto que,normalmente,
la mujer es más afectiva y el hombre más sensual.
Lo cual puede ocasionar problemas, cuando la mujer -por una proyección
de sí misma- tiende a ver amor afectivo en un hombre que
quizá apenas le ofrece sino sensualidad.
La
voluntad
La
libertad del hombre reside en su voluntad. Es precisamente la voluntad
de la persona la que elige y quiere, y partiendo de la inteligencia,
se dirige inmediatamente a la persona. Por eso aquél que
apenas usa de su entendimiento, apenas puede ser libre, y apenas
puede amar de verdad, pues está a merced de aquellas vibraciones
cambiantes, más pendientes del plano sensible.
Ya véis, pues, con esto que el amor de la voluntad -personal,
consciente y libre- es el único que puede integrar y fijar
en un amor pleno todos los impulsos inestables y turbulentos de
sensaciones y emociones, sensualidades y afectos, que ahora, de
este modo armonizados y profundizados, enriquecen grandemente al
enamorado, suscitan en él una alegría desconocida,
y despiertan en la persona unas energías y capacidades que
muchas veces permanecían, al menos en parte, en estado latente.
El
amor fielmente sostenido por el querer fuerte y constante de la
voluntad es el único que puede unir realmente a dos personas,
el único que puede hacer coincidentes las voluntades, dando
a cada una de ellas la inclinación a querer lo que el otro
quiere.
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