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INTRODUCCIÓN
La
Teología Espiritual
AA.VV.,
De theologia spirituali docenda, "Seminarium" 26
(1974) 1-291; H. U. von Balthasar, Espiritualidad, en Ensayos
teológicos I: Verbum Caro, Madrid, Cristiandad 1964,
235-289; L. Bouyer, Mysterion. Du mystère à
la mystique, París, OEIL 1986; M. Gioia (ed.), La teologia
spirituale. Temi e problemi, Roma, Editrice A. V. E. 1991;
A. Guerra, Teología espiritual, una ciencia no identificada,
"Rev. de Espiritualidad" 39 (1980) 335-414; G. Moioli,
Il problema della Teologia spirituale, "La Scuola Cattolica"
94 (1966) 3*-26*; A. Queralt, La Espiritualidad como disciplina
teológica, "Gregorianum" 70 (1979) 321-376;
A. Royo Marín, Teología de la perfección
cristiana, BAC 114 (1968, 5ªed.) nn.24-35; B. Secondin
- J. Jansens, La spiritualità, Roma, Borla 1984.
Nombre
El estudio de los caminos del Espíritu, al paso de
los siglos, ha recibido nombres diversos: mística,
ascética, teología ascético-mística,
teología de la perfección cristiana. Actualmente
se habla sobre todo de Espiritualidad y de Teología
Espiritual.
Mística es palabra de origen griego, cuya etimología
sugiere lo misterioso, secreto, arcano. Ya en el s. V-VI el
Pseudo-Dionisio habla de Theologia Mystica. En el XVI, San
Juan de la Cruz entiende la teología mística
como una sabiduría secreta, infundida en el alma por
el Espíritu, a oscuras del entendimiento y de las otras
potencias naturales (II Noche 17,2).
Ascética es también palabra griega, que significa
el esfuerzo metódico para adiestrarse física
o espiritualmente (+1Cor 9,24-27; Flp 3,14; 2 Tim 4,7).
Teología espiritual es el término empleado por
el concilio Vaticano II (SC 16) y hoy más usado en
documentos eclesiásticos y escritos teológicos.
Naturaleza
Recordemos en primer lugar que la teología es una,
es decir, es una ciencia, y como tal tiene una unidad formal
(STh II-II,1,1). Al lado de la cristología, el estudio
de la gracia, la eclesiología y los demás tratados
dogmáticos o morales, la teología espiritual
es una parte más del árbol único de la
teología. Podemos definir, pues, la teología
espiritual como una parte de la teología, que estudia
el dinamismo de la vida sobrenatural cristiana, con especial
atención a su desarrollo perfectivo y a sus connotaciones
psicológicas y metodológicas.
Al estudiar en teología, por ejemplo, la oración,
la dogmática estudiará su posibilidad y naturaleza,
la moral su conveniencia y necesidad, pero será la
teología espiritual la que considere y describa la
dinámica perfectiva de la oración cristiana,
las fases típicas de su desarrollo, las connotaciones
psicológicas de la misma, y los métodos para
ejercitarse en ella.
Según esto, la teología espiritual se deduce
no solo de los principios doctrinales -Biblia, magisterio,
teología especulativa-, sino también de los
datos experimentales atesorados por las generaciones cristianas,
y muy especialmente por los santos -hagiografía-. En
efecto, los santos de Cristo son testigos sumamente fidedignos
del verdadero "camino del Señor" (Hch 18,25),
y nos indican por dónde va y cómo hay que andarlo.
Si queremos, pues, conocer cómo obra normalmente el
Espíritu Santo en los cristianos, estudiemos con atención
las vidas y escritos de los santos, pues ellos fueron hombres
perfectamente dóciles a la acción divina de
la gracia.
Digámoslo de otro modo: espiritualidad cristiana verdadera
es aquella que en la práctica hace santos a quienes
la siguen. Camino cierto de perfección cristiana es
aquel que de hecho conduce a ser perfecto como el Padre celestial
es perfecto. Por el contrario, son falsas aquellas espiritualidades
que no conducen a la perfecta santidad, sino que producen
confusión, dudas, cansancio, amargura, egoísmo,
infecundidad apostólica. "Todo árbol bueno
da buenos frutos, y todo árbol malo da frutos malos.
Por los frutos, pues, los conoceréis" (Mt 7,17.20).
Ahora bien, ¿en la teología espiritual deben
prevalecer los principios doctrinales o los datos experimentales?
Ciertamente, si la doctrina es verdadera y la experiencia
espiritual genuina, no podrá haber contradicción
alguna. En todo caso, la espiritualidad siempre debe considerar
juntamente doctrina teológica y vivencia cristiana.
Si la teología espiritual optara por la experiencia,
dejando un tanto de lado la doctrina teológica, quedaría
reducida a un fideismo experiencial sujeto a las modas cambiantes
y a los subjetivismos arbitrarios, es decir, quedaría
sujeta al error. La verdadera espiritualidad cristiana cuida
bien de integrar el ontologismo de las ideas con el psicologismo
de la experiencia, y concede siempre el primado a los principios
doctrinales.
Así procedieron los grandes maestros espirituales,
como Santa Teresa de Jesús; ella en las cosas espirituales
daba a la experiencia una gran importancia: "No diré
cosa que no la haya experimentado mucho" (Vida 18,7 +Camino,
prólogo 3). Pero ella valoraba también mucho
el saber teológico, y no acababa de dar crédito
a la experiencia -aunque fuera la suya propia-, en tanto no
se viera autorizada por la doctrina. "No hacía
cosa que no fuese con parecer de letrados" (Vida 36,5).
Y decía: "Es gran cosa letras, porque éstas
nos enseñan a los que poco sabemos y nos dan luz, y
allegados a verdades de la Sagrada Escritura hacemos lo que
debemos; de devociones a bobas líbrenos Dios"
(13,16).
Ciencia difícil, ignorada y preciosa
La teología espiritual es difícil por varias
razones:
1ª, por la multiplicidad de sus fuentes naturales -psicología,
pedagogía, etc.- y sobrenaturales -Escritura, magisterio,
dogmática, moral, liturgia, hagiografía, etc.-.
2ª, por la delicadeza inefable de su objeto: la acción
del Espíritu sobre el hombre.
3ª, porque la santidad personal del teólogo influje
mucho en la calidad de la teología espiritual elaborada.
Es difícil en estos temas llegar al conocimiento de
cosas espirituales que no se han experimentado, aunque solo
sea inicialmente. Solo el que obra el bien viene a la luz;
el que obra el mal la huye (Jn 3,20-21). En esta parte de
la teología, aún más que en otras, son
los limpios de corazón los que logran ver a Dios (Mt
5,8).
4ª, por la particular dificultad que hay en expresar
con palabras humanas y lenguaje natural las obras del Espíritu
divino. Santa Teresa advierte que, a veces, "consiste
en la experiencia el saberlo decir" (Camino Perf. 8,1);
pero no siempre basta la experiencia de los caminos del Espíritu
para saber describirlos. Esto en ocasiones no es posible sin
una gracia especial de Dios, que ni siquiera todos los santos
han recibido, como es obvio (18,7).
Por todo ello, la verdadera espiritualidad cristiana es frecuentemente
ignorada. Ciencia y experiencia dan conocimiento, y cuando
de los caminos del Espíritu no se tiene ciencia ni
se tiene experiencia -supuesto no infrecuente-, se padece
ignorancia. Ciencia y experiencia en esto -como en todo- no
pueden ser suplidas por el empeño de actitudes meramente
voluntaristas. El que aspira a transfigurarse con Cristo en
la cima del monte de la perfección evangélica,
para llegar allá arriba necesita procurarse buenos
planos -doctrina verdadera- y guías experimentados
-maestros espirituales-. Sin plano y sin guía, no llegará
a la cima, o llegará pero más tarde, con más
rodeos, con más esfuerzos de los verdaderamente necesarios.
((En esto de la ignorancia de la verdadera espiritualidad
evangélica hay varios errores y peligros que conviene
señalar abiertamente:
-La ignorancia en temas de ascética y mística
con frecuencia no se reconoce. Laicos y sacerdotes, llegado
el caso, reconocen sin dificultad que no conocen bien la exégesis
bíblica, o ciertas cuestiones dogmáticas, morales,
históricas, litúrgicas o canónicas. Y
consultan a los libros o a los expertos. Sin embargo, cuando
surge una cuestión de espiritualidad la mayoría
suele confiar en su propio criterio, como si siempre tuviera
acerca de ella ciencia o experiencia, lo que muchas veces
no es cierto. Se suele dar por supuesto que la conciencia
está siempre bien formada, y sabe muy bien discernir
lo bueno y lo malo. Los que siendo ignorantes mantienen tal
convicción atribuyen normalmente sus males y flaquezas
a la voluntad, sin sospechar que muchas veces obran mal porque
están ignorantes o errados. Hay en esto sin duda un
desprecio del conocimiento. Ignoran que la santidad es en
su principio una metanoia, una transformación de la
mente. Por eso no ponen ningún empeño en estudiar
los buenos libros o consultar buenos guías espirituales.
Prefieren no detenerse a pensar, y seguir, aunque sea malamente,
caminando hacia adelante. Pero ¿van adelante?... Estos
son los que corren "como a la ventura" y luchan
"como quien azota el aire" (1Cor 9,26).
-La doctrina falsa o mediocre es frecuente en temas espirituales,
probablemente más que en otros campos de la teología.
Ya hemos dicho que, por varias razones, es ésta una
ciencia difícil. Y no es fácil hacer bien lo
que es difícil. Basta repasar una biblioteca de espiritualidad
para comprobar cómo, en todas las épocas, la
calidad se ha visto muchas veces cubierta por la cantidad
mediocre. Los caminos anchos, andados por muchos, se recomiendan
más que aquellos estrechos que llevan a la perfección:
éstos son conocidos por pocos, y caminados por menos
(Mt 7,13-14). No es raro en temas de espiritualidad un subjetivismo
arbitrario, que no se interesa por la Revelación, el
magisterio, la teología o la enseñanza de los
santos. Tratando, por ejemplo, de oración, uno dirá:
"Para mí toda actividad buena es oración".
Otro dirá: "Para mí la verdadera oración
es aquietar perfectamente el cuerpo y dejar la mente en total
vacío". Otro dirá... lo que sea. En todo
caso, unos y otros coinciden en que no estudian seriamente
la doctrina ni consultan a los que saben. Se contentan con
seguir sus propios gustos y opiniones: "no soportan la
doctrina sana; sino que, según sus caprichos, se rodean
de maestros que les halagan el oído" (2 Tim 4,3).
-No abundan los buenos guías espirituales. El maestro
que da unas enseñanzas verdaderas, pero muy generales,
ayuda poco al que busca la perfección. Pero el peligro
mayor está en los guías ignorantes o malos.
"Si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán
en el hoyo" (Mt 15,14). San Juan de la Cruz recomienda
mucho "mirar en qué manos se pone, porque cual
fuere el maestro, tal será el discípulo"
(Llama 3,30-31). Y Santa Teresa confiesa que "siempre
fui amiga de letras, aunque gran daño hicieron a mi
alma confesores medio letrados, porque no los tenía
de tan buenas letras como yo quisiera. He visto por experiencia
que es mejor -si son virtuosos y de santas costumbres- que
no tengan ningunas, porque ni ellos se fían de sí
mismos, sin preguntar a quien las tenga buenas, ni yo me fiara
de ellos; buen letrado nunca me engañó"
(Vida 5,3).))
Espiritualidad y espiritualidades
La Espiritualidad estudia cómo el Espíritu Santo
actúa normalmente sobre los cristianos. Ahora bien,
así como en todos ellos hay algo común -la naturaleza-
y hay ciertas variedades -diferencias de sexo, temperamento,
educación, época, etc.-, así podemos
distinguir en la acción del Espíritu divino
que reciben los cristianos una espiritualidad común
y varias espiritualidades peculiares.
1.-La espiritualidad cristiana es una sola si consideramos
su substancia, la santidad, la participación en la
vida divina trinitaria, así como los medios fundamentales
para crecer en ella: oración, liturgia, abnegación,
ejercicio de las virtudes todas bajo el imperio de la caridad.
En este sentido, como dice el concilio Vaticano II, "una
misma es la santidad que cultivan, en los múltiples
géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados
por el Espíritu de Dios" (LG 41a). "Todos
los fieles, de cualquier estado y condición, están
llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección
de la caridad" (40b). Y en el cielo, una misma será
la santidad de todos los bienaventurados, aunque habrá
grados diversos.
2.-Las modalidades de la santidad son múltiples, y
por tanto las espiritualidades diversas. Podemos distinguir
espiritualidades de época -primitiva, patrística,
medieval, etc.-, de estados de vida -laical, sacerdotal, religiosa;
es la diversidad que tiene más importante fundamento-,
según las dedicaciones principales -contemplativa,
misionera, familiar, asistencial, etc.-, o según características
de escuela -benedictina, franciscana, ignaciana, etc.-
La infinita riqueza del Creador se manifiesta en la variedad
inmensa de criaturas: no diez o cien, sino miles y miles de
especies de plantas, de animales, de peces... También
las infinitas riquezas del Redentor se expresan en esas innumerables
modalidades de vida evangélica. El cristiano, sin una
espiritualidad concreta, podría encontrarse dentro
del ámbito inmenso de la espiritualidad católica
como a la intemperie. Cuando por don de Dios encuentra una
espiritualidad que le es adecuada, halla una casa espiritual
donde vivir, halla un camino por el que andar con más
facilidad, seguridad y rapidez, halla en fin la compañía
estimulante de aquellos hermanos que han sido llamados por
Dios a esa misma casa y a ese mismo camino.
3.-Hoy se da en la Iglesia un doble movimiento: por un lado,
una tendencia unitaria hace converger las diversas espiritualidades
en sus fuentes comunes, Biblia, liturgia, grandes maestros.
Por otra, una tendencia diversificadora acentúa los
caracteres peculiares de la espiritualidad propia a los distintos
estados de vida, o a tales movimientos y asociaciones. La
primera ha logrado aproximar espiritualidades antes quizá
demasiado distantes, centrándolas en lo central. La
segunda ha estimulado el carisma propio de cada vocación,
evitando mimetismos inconvenientes.
((Ciertos radicalismos deben ser indicados en este punto:
-Un exceso unificador lleva en ocasiones a difuminar las espiritualidades
particulares, ignorando los diversos carismas, rompiendo tradiciones
valiosas, desvirtuando la fisonomía propia de las diversas
familias, regiones, escuelas. Así se llega a una espiritualidad
única para adolescentes, cartujos, madres de familia,
párrocos o jesuitas. Es un empobrecimiento.
-Un exceso diversificador radicaliza hasta la caricatura los
perfiles peculiares de una espiritualidad concreta; se apega
demasiado a sus propios métodos, en lenguaje, modos
y maneras; absolutiza lo accidental y relativiza quizá
lo absoluto; pierde armonia evangélica y plenitud de
valores. Así se produce un ambiente espiritual cerrado,
aislado, con terminología propia, que para unos es
muy gratificante, y para otros asfixiante. En tal ambiente,
las eventuales iniciativas del Espíritu, si no se ajustan
al modelo vigente en esa espiritualidad altamente diversificada
y concretada, quedarán silenciosamente sofocadas. Y
los integrantes de círculo tan cerrado y peculiar se
mostrarán incapaces de colaborar con otros fieles o
grupos cristianos, pues éstos son extraños al
movimiento, grupo o institución. Es un empobrecimiento)).
4.-Sola es universal la Espiritualidad de la Iglesia, que
tiene en la sagrada liturgia su principal escuela, abierta
a todos los cristianos. Todas las demás espiritualidades
acentúan más ciertos valores cristianos y menos
otros: una es metódica y reglamentada, otra tiene pocas
reglas; una insiste en la oración litúrgica,
otra usa más las devociones populares...
San Juan de la Cruz: "A cada uno lleva Dios por diferentes
caminos; que apenas se hallará un espíritu que
en la mitad del modo que lleva convenga con el modo de otro"
(Llama 3,59).
Ninguna espiritualidad o devoción concreta puede presentarse
como necesaria para todos los cristianos. Únicamente
la Espiritualidad de la Iglesia Católica, y su principal
exponente, la liturgia, puede y debe requerir el consenso
de todos los fieles católicos.
5.-La Teología Espiritual sistemática estudia
la espiritualidad cristiana común, y ofrece su luz
a todos los cristianos, sea cual fuere su condición
o carisma propio. Es el intento de este libro, que, con las
limitaciones inevitables, pretende exponer la espiritualidad
cristiana universal, esto es, la espiritualidad católica.
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